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Mamás y amigas haciendo catarsis sobre la maternidad

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Gritá, Mamucha

Ay, Mamucha,
te veo ahí
a las 3 de la mañana
sentada en la cama,
las piernas cruzadas,
tu bebé dormido, finalmente;
y vos, despierta ahora para siempre.

Gritá, Mamucha, gritá.

Te veo, Mamucha,
agotada de los mandatos y presiones,
agotada de la culpa y el juicio,
de no contar con la ayuda necesaria
y tener que poder con todo.

Gritá, Mamucha, gritá.

Te siento, Mamucha,
siento tu culpa, tu tristeza,
esa que no deberías estar sintiendo
la que te da bronca y miedo.

Gritá, Mamucha, gritá.

Te veo a vos
y te digo, Mamucha:
Sos única y mágica,
trajiste vida nueva a este mundo.
Sos fuerte y resiliente,
el ser más perfecto y poderoso y sensible
de este planeta.

Así que respirá, Mamucha,
y seguí adelante:
no porque tengas que hacerlo
sino porque -simplemente- podés.

Pero hoy, tomate un momento para vos,
para soltar todo
lo que no podés decir en voz alta,
y aunque sea en silencio:

Gritá, Mamucha, gritá.

Hagamos visible lo invisible

Las mamás estamos al borde del agotamiento pero no podemos decir nada porque tenemos niños que criar. Además, ¿es “correcto” que digamos que estamos cansadas o frustradas? ¿No llegan estos sentimientos junto con la decisión que tomamos de tener hijos? ¿Deberíamos aceptarlos, mudas, obedientes, como buenas madres?

Con la carga constante de responsabilidad (que es tanto física como mental) y sin una red de contención, las madres estamos experimentando los mayores niveles de estrés y agotamiento registrados en la historia.

Es que no está naturalizado hablar de todo lo que nos pasa cuando nos transformamos en madres. Parecería que la norma es silenciar los aspectos menos luminosos de la maternidad, como si el darles voz los hiciera competir con el amor sin medida que llega también cuando llegan los hijos.

La maternidad nos propone la transformación más grande de nuestras vidas: un cambio permanente y absoluto en nuestra identidad. Y la gran mayoría de las madres del mundo no nos sentimos acompañadas, entendidas o apoyadas por el resto de la sociedad cuando ingresamos en la maternidad.

Pero nadie habla de esto.

Se nos pide a las madres que nutramos vida en una sociedad que no siempre nos nutre. Se nos exige que criemos con amor, armonía, respeto y responsabilidad en una sociedad que no siempre nos trata de manera recíproca. Es que las mamás nos acostumbramos a cargar con el peso invisible de una realidad de la que no se habla. Existe una romantización de la maternidad, y no se puede actuar sobre lo que no se conoce.

Las madres estamos frustradas y agotadas, y con bebés o niños pequeños en torno a nosotras, nos vemos condenadas a un silencio ensordecedor.

Por eso hoy decimos hasta acá: hagamos visible lo invisible.

Para criar a un niño…

El sentido de comunidad, de tribu, se fue disolviendo y desintegrando poco a poco de nuestro mundo hasta que ya no sabemos realmente qué quiere decir y lo necesario y transformador que es cuando si existe.

Estamos (aún hoy, en lo que parecería ser el fin de la era Covid) sentadas, solas, en medio de una pandemia de falta de interacción.

Y si bien nos adaptamos y nos amoldamos a lo que estos últimos años nos propusieron, todas sentimos la falta de contacto con el otro. Porque es innegable: juntas somos más fuertes y mejores.

Pero en el medio del caos y la incertidumbre, se hizo presente la resiliencia: este último tiempo nos forzó a replantearnos cómo vivimos y cómo nos conectamos, y también nos abrió las puertas a generar redes y comunidades más grandes y más diversas de las que podemos nutrirnos y en las que podemos crecer de forma exponencial cómo individuos siendo parte de un todo, de un tejido de vida, de una verdadera tribu virtual.

Celebramos las posibilidades que nos trajo el nuevo mundo. Celebramos encontrarnos en un espacio como éste, que nos permite encontrarnos con todas ustedes, volver a pensarnos con otras, y abrirnos para compartir los momentos de felicidad y los desafíos que la vida y la maternidad nos presentan.

Para criar a un niño hace falta una tribu entera, y para sostener a una madre, también.

Bienvenidas

Bienvenidas a este hermoso y caótico camino de ida.