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Hablemos de
lo que no se habla

Somos la China y Juli
Mamás y amigas haciendo catarsis sobre la maternidad

Quienes somos

Vivimos juntas el momento más transformador de nuestras vidas, y durante ya tres años no pasamos un día sin hablar. Risas, llantos, primeras veces, enojos con nuestras parejas, charlas en el baño, miedos, logros e inseguridades; todo, juntas. Encontramos en la otra el salvavidas para transitar nuestros embarazos y nuestros postpartos.

Es que nuestras vidas dieron un vuelco enorme. Una directora creativa y una actriz, al convertirnos en madres decidimos dejar de lado las carreras que habíamos logrado construir exitosamente a lo largo de más de una década para repensarnos enteras. Soltamos todo lo que creíamos que éramos, las personalidades laborales que encarnábamos con tanto amor, dedicación y placer. Algo nos llamaba a pensar este proyecto, y en este llamado no había lugar para nada más: la maternidad despertó en nosotras una ola de creatividad que necesitaba encontrar refugio en una manifestación física que generara un impacto social positivo.

Así fue que nos embarcamos en este viaje que nos conectaría con miles y miles de mujeres de más de 30 países y 4 continentes.

Porque no hay una maternidad perfecta, queremos desmitificar lo que “debería pasar” y lo que “deberíamos sentir” cuando nos convertimos en madres, y a brindar un espacio de liberación dejando de lado las idealizaciones, sin juicios ni pelos en la lengua, para ayudarnos a transitar la transformación más importante de nuestras vidas sin culpa ni vergüenza, para que ninguna mujer vuelva a sentirse sola, loca, inadecuada o mala madre.

Somos la China y Juli, y esto es AyMamucha.

No sabíamos nada de la otra, no teníamos nada en común. Nuestros caminos se tocaron, demasiado sutilmente unos pocos días de la totalidad de nuestras vidas. Pero tuvimos una persona en común, una persona que nos convocó involuntariamente a compartir unas horas de ensayo y una cena de estreno hace 5 años, sin saber lo que algún tiempo después sucedería.

“Juli actuaba en una obra que dirigía el (ahora ex) novio de la China”, se lee en una nota que nos hicieron para la revista Ohlalá. Y así fue que la vida nos reunió antes de que decidamos intercambiar cuentas de Instagram para, algunos años más tarde, enterarnos de que las dos habíamos quedado embarazadas al mismo tiempo.

“Tanto tiempo, ¿cómo estás? Che, yo también estoy embarazada, ¿cómo la venís llevando?”, se lee en el primer chat que desencadenó una serie de charlas entre dos extrañas que compartíamos (ahora) el vínculo de estar transformándonos en una nueva versión de nosotras mismas.

Es hora de tomar a la maternidad en serio, y debemos hacerlo entre todos.

En AyMamucha buscamos ser el catalizador: queremos abrir la conversación y sacar a la luz los desafíos que enfrentamos las mujeres cuando nos convertimos en madres. Es que las mamás nos acostumbramos a cargar con el peso invisible de una realidad de la que no se habla: existe una romantización de la maternidad, y no se puede actuar sobre lo que no se conoce.

No está naturalizado hablar de todo lo que nos pasa cuando nos transformamos en madres. Parecería que los aspectos menos luminosos de la maternidad se silenciaran, como si el darles voz los hiciera competir con el amor sin medida, el crecimiento y el aprendizaje que llega también cuando llegan los hijos. Pero la realidad es que los unos no llegan sin los otros: los sueños vienen de la mano de la desesperación y la frustración, la magia contrasta con la ambigüedad, la fuerza se despierta a partir de un gran sacrificio y la belleza se tiñe de absurdo.
Y porque cuando empezamos a hablar de lo que no se habla, de aquello que -hasta hace poco- escondíamos abajo de la alfombra de nuestras vidas y nuestras casas, cuando entendemos que estas cosas no nos pasan a nosotras solas, que nuestra experiencia es -de hecho- la de la gran mayoría de mujeres, que lo que nos sucede es la norma (no la excepción), y que los sentimientos negativos son parte de un todo rico y complejo cuando nos transformamos por completo de la noche a la mañana, es ahí que sucede el cambio más importante.

Cuando aprendemos a escucharnos y a aceptarnos, cuando nos reconocemos en las palabras de otras, en los relatos de extrañas, cuando podemos vernos en ojos ajenos, en cuerpos distintos y en realidades que son a la vez diferentes pero iguales en esencia, cuando soltamos la mochila de todo lo (digámoslo, Mamuchas) insoportable que llega también cuando llegan los hijos y el desborde de amor nos muestra la otra cara de esta moneda; y cuando desaparecen los fantasmas y al peso de la experiencia propia lo llevamos entre muchas -cuando lo hacemos colectivo- los desafíos de la maternidad se nos hacen más livianos, más llevaderos, más tolerables: y la condena de pensarnos Malas Madres desaparece ante la maravilla de sabernos, siempre y ante todo, juntas.

La maternidad nos propone, inevitablemente, la transformación más grande de nuestras vidas. Mejorar las condiciones en las que atravesamos este umbral nos permitirá reescribir el futuro de la humanidad: al fin y al cabo, somos quienes criamos a las personas del mañana.